sábado, 26 de marzo de 2011

Capitulo XXV: El Turrón de Doña Pepa


Cuando hablamos de Octubre, el “Mes Morado”; no podemos dejar de mencionar al delicioso y muy tradicional turrón de “Doña Pepa”, dulce peruano que año a año acompaña tradicionalmente las festividades de Octubre; para muchos es de interés el saber: ¿como es que nace este manjar? ¿Quién lo elaboro? ¿De que lugar procede?... a continuación su historia
Durante la época de la colonia, en el valle de Cañete, en un fundo algodonero, vivía una mujer esclava de raza negra cuyo nombre era Josefa Marmanillo; la mayoría la conocía con el apelativo de Doña Pepa. Ella sufría de una parálisis que la tenía condenada a no poder movilizar ni juntar los brazos y manos, estando imposibilitada de realizar labor alguna; razón por la cual sus amos le concedieron su libertad.
No obstante el padecimiento de su mal, fervientemente ella abrigaba la esperanza de poder curarse. Por comentarios de personas del lugar, ella tomo conocimiento de los sucesos milagrosos que se le atribuían a la sagrada imagen del Señor de los Milagros; con la finalidad de poder acompañar la procesión del Cristo Morado, cargada de fe y sin dudarlo ella se embarco con dirección a Lima.
Estando ya en la capital, se encamina hacia el lugar por donde estaba la procesión, al ver pasar la sagrada imagen, de rodillas ora con mucha entrega, fe y devoción y ruega al Señor que sea curada, de pronto sucede el milagro, siente un leve dolor en el pecho al mismo tiempo que sus brazos y manos empiezan a moverse y llegar a juntarse en señal de oración.
Al retornar a Cañete cuenta el milagro recibido y en gratitud crea el ahora famoso “turrón”. En el siguiente recorrido procesional del Señor de los Milagros, apostada en una esquina, al pasar las sagradas andas, en signo de ofrecimiento y gratitud, ella levanta los brazos en alto sosteniendo la base que contiene el delicioso manjar; posteriormente, Josefa contaría que el Señor habría vuelto su cabeza hacia ella y sonriendo le había agradecido y bendecido el presente.
A partir del milagro concedido, Josefa Marmanillo, nunca dejo de asistir a las procesiones del Cristo Moreno, ofreciendo su rico turrón, labor que sus descendientes continuarían cumpliendo fielmente en el transcurrir del tiempo.

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