sábado, 26 de marzo de 2011

Capitulo X: La orden de borrar la imagen

Los cofrades de Angola, llevaban a cabo los viernes en horas de la noche, sus reuniones para venerar la imagen del Cristo de Pachacamilla; quienes alumbrados por las llamas de sus ceras; llevaban flores perfumando el ambiente con sahumerio, entonando plegarias, acompañándose de arpa, cajas y vihuelas. Con el tiempo, se fue incrementando la peregrinación. Muchas veces se produjeron hechos de índole distinta a las prácticas religiosas. El ser informado el párroco de la Iglesia cercana de San Marcelo, José Laureano de Mena, que después de finalizados los cánticos y rezos, se producían ciertos excesos y desordenes; presenta demanda e informa sobre estos hechos al entonces Virrey Conde de Lemos, a fín de que intervenga como autoridad para que prohibiese las reuniones y que diera la orden irrevocable de borrar al Cristo, ya que, según su criterio, estaba fuera de los cultos religiosos. Dicha petición se concedió mediante resolución firmada el día Sábado 5 de Setiembre y entre el 6 y el 13 de Septiembre de 1671, con la finalidad de efectivizar la orden de borrar la imagen, se constituye un comité especial dispuesto por el Promotor Fiscal del Arzobispado, un notario, un indio pintor de brocha gorda y el capitán de la guardia del Virrey, Pedro Balcázar, escoltado por dos escuadras de soldados para el caso que se produjesen desmanes por la cantidad de fieles, curiosos y vecinos que rodeaban el lugar. El primero en intentarlo fue un pintor indio y al momento de subir la escalera comenzó a sentir temblores y escalofríos, teniendo que ser atendido, intentando de nuevo a continuación proseguir su tarea, pero al subir otra vez, algo vío en la imagen que bajó raudamente y se alejó asustado del lugar sin realizar su tarea. Las autoridades encomendaron a otro esta misión, el cual alentado por mejor paga, subió, pero al acercarse a la imagen, también vío algo en ella y bajando todo confundido, se retiró. En este momento aumentaron las voces de protestas de los fieles presentes; pero el Promotor Fiscal no dío su brazo a torcer y contrata a un tercer hombre a una muy buena paga; este fue uno de los soldados, de ánimo más templado quien subió a cumplir con el encargo; pero bajó rápidamente explicando luego que cuando estuvo frente a la imagen, vío que se ponía más bella y que la corona de espinas se tornaba verde, declarando “que no se atrevía a borrar la imagen…”, procediendo a retirarse. Ante la insistencia de las autoridades por borrar la imagen, la gente manifestó su disgusto y aumentaron sus reclamos y airadas protestas, viéndose obligados en este caso, los integrantes de la comitiva oficial, a retirarse cabizbajos, sin poder cumplir con su cometido. El Virrey Conde de Lemos, al tomar posteriormente conocimiento de los hechos acontecidos, de inmediato mandó revocar la orden y acordó que en ese lugar se reunieran para venerar y rendir culto a la imagen.

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